Fuentes de financiación

Préstamos recibidos

Los préstamos son una operación financiera por la que la empresa recibe unos fondos y como contraprestación se obliga a devolverlos en unos vencimientos determinados junto con unos intereses.

Existen diferentes formas de devolver un préstamo, llamadas sistemas de amortización. El sistema en el que nos vamos a centrar, por ser el más utilizado, es el sistema francés o de pago periódico constante.

Este sistema se caracteriza porque la cantidad a pagar va a ser siempre la misma a lo largo de la vida del préstamo (siempre y cuando el tipo de interés no varíe), es decir, en cada periodo se pagará el mismo importe en concepto de principal más intereses.

Cuentas de crédito

Esta fuente de financiación se caracteriza por su flexibilidad, ya que permite a las empresas disponer de dinero a medida que lo van necesitando, hasta un límite determinado, y los intereses solo se pagan sobre las cantidades dispuestas.

Por otro lado, es muy frecuente que las entidades financieras cobren a sus clientes diversas comisiones: de apertura, de mantenimiento, de no disposición, etc.

Empréstitos

Cuando una empresa necesita obtener una cantidad importante de recursos para financiar proyectos de inversión a largo plazo, y no quiere realizar una ampliación de capital, puede recurrir a la emisión de un empréstito.

Un empréstito es un tipo de préstamo normalmente de una cuantía muy elevada que se divide en muchos títulos. Cada uno de esos títulos se denomina obligación o bono. Las obligaciones o bonos son suscritos por distintas entidades o particulares, de forma que no hay un único prestamista, sino una pluralidad de ellos.

Los propietarios de los títulos adquieren la condición de acreedores de la entidad emisora de los mismos, lo que les da derecho a recibir periódicamente el interés pactado, también denominado cupón, y a ser reembolsados por el importe de sus títulos según las condiciones de la emisión.

La diferencia entre obligación y bono está en el plazo de amortización del título. Normalmente los bonos se emiten con plazos más cortos, entre tres y cinco años mientras que las obligaciones suelen tener plazos de diez años o más.

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