Zona de trabajo

La zona de trabajo es el lugar o habitación donde se realizan las tareas habituales. Dicha zona debe tener unas condiciones mínimas de habitabilidad y confort. Destacamos, entre otras, las siguientes:

  • Sin ruidos o sonidos estridentes. Si se dispone de una radio, se puede sintonizar música suave. Pero es preferible conectar el hilo musical si la empresa está abonada a un servidor, ya que garantiza una música suave y relajan. En ningún caso se levantará el volumen, pues puede molestar a los departamentos anexos, entre ellos el del jefe/a.
  • Que facilite la concentración. Se ha de tener en cuenta que una persona no puede realizar dos acciones simultáneamente cuando una de ellas es mecánica. No es conveniente que las fuentes de información se abran todas simultáneamente: timbre del teléfono, llamada del director, llamada a la puerta, noticias en la radio si está puesta, ruidos exteriores, puertas de los armarios abiertas, etc. Se evitará, en lo posible, la información no útil, que sin duda desconcentra.
  • Iluminación suficiente. Especialmente en la mesa de trabajo. El documento sobre el que estamos trabajando ha de estar bien iluminado sin que haya reflejos. La iluminación entrará por la izquierda si se es diestro, y por la derecha si el operario es zurdo. Siempre que sea posible, se trabajará con luz natural procedente de una ventana amplia que nunca estará a nuestra espalda.
  • Temperatura adecuada. Es difícil trabajar con mucho calor o con frío. Se debe llevar una ropa cómoda, que no dé mucho calor y que evite el frío.
  • Decoración adecuada. Es un lugar de trabajo, no un muestrario de plantas o una pinacoteca. El color de las paredes debe ser discreto y relajante.
  • Ventilación suficiente. Si la zona de trabajo es pequeña y está cerrado, se puede cargar la atmósfera y perjudicar la concentración y la sensibilidad de los visitantes. Además, dicha zona debe estar siempre limpia y libre de malos olores.

2 comentarios sobre “Zona de trabajo

  1. Un estudio de la escuela de negocios MIT Sloan determinó los tres tipos de hábitos que tienen las personas altamente productivas. Tras encuestar a 20.000 personas, los investigadores concluyeron que la edad y la experiencia son factores que multiplican la productividad. Los hábitos de estos encuestados más avanzados incluían el desarrollo de rutinas para actividades de bajo valor, la gestión del flujo de mensajes, la realización de reuniones efectivas y la delegación de tareas a otros. Pero algunos jóvenes encuestados ya habían aprendido a ser muy productivos.

    La encuesta se centró en siete hábitos: desarrollar rutinas diarias, programar, hacer frente a los mensajes, llevar a cabo reuniones efectivas, perfeccionar las habilidades de comunicación y delegar tareas a otros.

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